EUROCOPA PORTUGAL 2004
La Decima edición tuvo lugar en Portugal entre el 12 de junio y el 4 de julio de 2004. Dearrollado en las ciudades portuguesas de Aveiro, Braga, Coimbra, Faro-Loulé, Guimarães, Leiria, Lisboa y Oporto. El torneo se caracterizó por su sorprendente resultado, en el que Grecia logró alzarse con el máximo título europeo por encima ganando en la final al equipo anfitrión contra todo pronóstico. Los partidos se disputaron en el Estádio Municipal de Aveiro, Estádio Municipal de Braga, Estádio Cidade de Coimbra, Estádio Algarve, Estádio D. Afonso Henriques, Estádio Dr. Magalhães Pessoa, Estádio da Luz, Estádio José Alvalade, Estádio do Bessa XXI y Estádio do Dragão.
El torneo se disputó bajo el mismo formato de la edición anterior: de los equipos clasificatorios en la ronda preliminar, tan sólo 16 (15 + Portugal) accedieron a la fase final. Entre ellos se formaron 4 grupos de los que salieron 8 para los cuartos de Final. Tras esa fase, Semifinales y Final.
FASE FINAL
Zagorakis con la heroica Eurocopa helena
En lo que fue un espléndido mes de fútbol bajo el sol portugués, los griegos, que se mostraron como un equipo sólido y pragmático que jugó con sus armas, fue desquiciando a cada selección a la que se enfrentaba, mereciéndose completamente el título. Fueron dirigidos por Otto Rehhagel, veterano entrenador alemán a nivel de clubes, que entrenó al Werder Bremen y al FC Bayern München en su país natal.
Rehhagel basó el éxito de su selección en que todo el equipo se mantuviera muy junto en el centro del campo, empleando una férrea disciplina que sacaba de quicio a cada rival. En el primer partido en Oporto, dieron la primera sorpresa del torneo al batir a los anfitriones, Portugal, por 1-2.
En los cuartos de final, los actuales campeones de la competición, Francia, fueron incapaces de superar a los griegos y acabaron perdiendo. En las semifinales frente a la República Checa, que era una de las favoritas para los aficionados tras sus primeros partidos en el torneo, Grecia logró el pase por medio del gol de plata en la prórroga. El hombre clave de los checos, Pavel Nedved, se lesionó en la primera parte del encuentro.
Por su parte, el equipo portugués con su generación de oro desplegó en todo el torneo su "jogo bonito", mezclando la experiencia y el saber hacer de jugadores como Luis Figo con la juventud y desparpajo de figuras como Deco o Cristiano Ronaldo.
En cuanto a las estrellas de las otras selecciones, el torneo les dejó desilusionados y acusaron el cansancio adquirido en sus duros campeonatos domésticos durante la temporada. Zinedine Zidane y Francia, a pesar de derrotar en la fase de grupos a Inglaterra, nunca alcanzaron el nivel de antaño. Inglaterra y David Beckham, que prometían mucho, y que tenían al joven Wayne Ronney, cayeron frente a Portugal en los cuartos de final en la tanda de penaltis.
España volvió a fallar, y el imaginativo equipo holandés fue eliminado por Portugal en semifinales.
El empuje portugués no fue suficiente para enfrentarse a la selección griega, quien se presentó en la final con las lecciones bien aprendidas y lo demostraron en el minuto 57 cuando de nuevo Charisteas adelantó a los helenos en el marcador tras un claro dominio del juego por parte de los jugadores lusos. Desde ese momento, Portugal sufrió el llamado miedo escénico y pese a sus esfuerzos no fue capaz de reponerse ni empatar el partido, por lo que Grecia se alzó con su gran premio en la historia del fútbol europeo.
GOLEADOR DEL TORNEO
Milan Baroš
En cuartos de final contra Dinamarca, Baroš anotó dos goles en dos minutos para acabar con un 3-0 y dar paso a semimifinales donde serían derrotados por Grecia, a la postre campeona del torneo. Acabó el con 5 tantos, lo que le valió para ser Bota de Oro de la Eurocopa.
MEJOR JUGADOR
Theodoros Zagorakis
Grecia ganó seis partidos consecutivos para llegar al torneo. Una vez allí derrotó a los anfitriones en el primer partido y de nuevo en una final memorable. El centrocampista Theodoros Zagorakis capitaneó el equipo de Otto Rehhagel y fue nombrado Jugador del Torneo por sus grandes actuaciones en un centro del campo en el que debía mantener el equilibrio entre la defensa y la medular. Zagorakis reveló que siempre tuvo fe en sus habilidades y que Grecia se aferró al 1-0 para mantener esa ventaja en la final.










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